Prácticas comerciales comunes, pero poco éticas

30.06.2020

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Vivimos en un mundo lleno de riesgos y de individuos que están dispuestos a hacer daño a los demás cuando se les presenta una oportunidad para beneficiarse personalmente. En un negocio existen muchas maneras de hacer que el dinero fluya y por lo tanto, hay muchas situaciones en las que la gente a veces elige aprovecharse de los demás de manera moralmente cuestionable. Los ejemplos de ganancias poco éticas toman forma en el aumento de precios injustificados, como por ejemplo, el que utilizan algunas compañías que producen las máscaras médicas necesarias para tratar a los pacientes con COVID-19 sin importarles lo necesarias que son para evitar la pérdida de vidas o los cárteles que suelen ejercer un control sobre la producción y la distribución de tal manera que, mediante las empresas que lo forman, se obtengan los mayores beneficios posibles en perjuicio de los consumidores, por citar un ejemplo, si la industria de Internet, acordara a puertas cerradas no bajar sus precios más allá de cierto valor.

Además de las actividades externas, si miramos hacia adentro de las empresas, podemos ver que la fuente más frecuente de fraude corporativo son los atacantes internos. Especialmente con la llegada de los firewalls y el almacenamiento de información sensible en la nube, en total hay una mayor pérdida si consideramos las acciones de los empleados malintencionados en comparación de las que cometen los ciberdelincuentes por sí solos. A veces esto se hace con la cooperación involuntaria de un empleado que es engañado, mientras que en el resto de los casos lo hacen intencionalmente en función de sus propios intereses. Puede producirse una filtración de datos en la que los estafadores se hacen pasar por representantes de la empresa o por una empresa autorizada que solicita información sensible o un cambio de contraseña en un formulario de restablecimiento de credenciales falso. En cualquier caso, las empresas son conscientes que deben realizar un seguimiento de todo lo que hacen para proteger sus propios intereses. El monitoreo de empleados es legal si se realiza en los dispositivos y cuentas que son propiedad de la empresa pudiendo extenderse al registro de todas sus interacciones utilizando estos dispositivos corporativos. Esto no solo servirá para eliminar los fenómenos que causan problemas en la empresa, sino que también servirá como prueba en caso de que la situación llegue al punto de una disputa judicial o una investigación criminal.

Es muy común que un empleado tenga un conflicto de intereses en una situación en la que el dinero pasa por su control y la tentación de darle otro destino. Un empleado podría registrar la compra de una impresora por 300 dólares cuando solo cuesta 50 y quedarse con los 250 dólares extra. Una organización sin fines de lucro podría tener sus cheques escritos y almacenados fuera del sistema contable en el que el dinero no se contabiliza y esto termina siendo enterrado. Una de las principales formas de mitigar el soborno y la corrupción es contar con la mayor cantidad posible de políticas y procedimientos y luego realizar eventos en los que se recuerde frecuentemente a los empleados acerca de estas políticas. Cuanto más esfuerzo se haga para este propósito, más difícil será para el empleado alegar que no estaba al tanto de los procedimientos diseñados para prevenir el comportamiento turbio. Las políticas antisoborno y anticorrupción pueden implicar que un artículo de gastos tenga que pasar por varios gerentes de línea superior en una línea de comunicación, como el jefe de la división financiera y el consejo ejecutivo, que deben poner sus firmas en la orden de compras. Ignorar descaradamente la política sin fin, expondría fácilmente al perpetrador y, por lo tanto, haría improbable que lo hiciera. 

La política y el procedimiento solo sirven para mejorar los procesos comerciales y cuentas. Una buena práctica es informar a los clientes que nunca se les pedirá información personal en un correo electrónico para evitar que caigan en manos de estafador que se hace pasar por usted con la intención de convencerlo de que entreguen sus credenciales de acceso o la información de su tarjeta de crédito.